Edificio de oficinas en Sevilla | María González, Franciasco González, Juan José López y Salvador Méndez, arquitectos

Ubicado en una de las parcelas de la antigua Exposición Universal de 1992, un paisaje terciario saturado de singularidades altisonantes herencia de los pabellones de la Exposición, el proyecto promovido por una sociedad de empresas médicas debía recoger una serie de especialidades proporcionales en superficie al capital invertido por cada una de ellas.

A partir de aquí el proyecto plantea una sección a modo de diagrama de barras que refleja la proporcionalidad existente entre las distintas especialidades, configurando tres vacíos concatenados en diagonal que conforman un gran espacio entorno al cual se desarrollan las circulaciones y la actividad del Centro.
Surge así un volumen compacto y opaco, excavado en el interior, utilizando el vacío y la porosidad como materia fundamental de trabajo. La arquitectura pasa a ser lo que está en medio, entre lo construido, “…entre las notas” como decía Debussy.
El vacío se formaliza mediante la superposición de variaciones de plantas que poseen la misma porosidad repartida de modos distintos, generando patios, terrazas y vacíos, mientras que la planta baja se disuelve permitiendo accesos diferenciados al auditorio y a la cafetería. Las circulaciones transcurren paralelamente al vacío diagonal, a un lado la de los pacientes y al otro del personal médico, de modo que sólo llegan a encontrarse en las bandejas que conforman las especialidades y que flotan sobre el vacío interior.
La estructura responde a esta sección mediante una estructura puente con pequeños pórticos extremos que albergan las circulaciones y grandes luces centrales que soportan las especialidades. Una serie de aplacados de gran formato de hormigón prefabricado blanco reproduce la escala del vacío interior y confieren cierta aspereza al exterior que contrasta con la transparencia del vacío que alberga y la calidez de la piedra y la madera.












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