BANK VON BILDERN DER ZEITGENÖSSISCHEN ARCHITEKTUR

Andreas Gursky, unermeßlich.

Bis die 23 von September von 20011 en Madrid, en la sede del Parque del Retiro del Museo Reina Sofía (MNCARS), se puede presenciar una amplia colección de fotografías que recogen parte de los veinticinco últimos años de actividad profesional del alemán Andreas Gursky (Leipzig, Alemania, 1955), por muchos considerado uno de los fotógrafos más importantes dentro de la producción artística contemporánea. Así lo piensa, al menos, el MOMA de Nueva York, que organiza y auspicia esta retrospectiva formada por 59 imágenes, fechadas la mayoría entre 1990 y 2000.

Visitar una exposición.

Ir a una exposición predispuesto a disfrutar es algo que afortunadamente nadie tiene capacidad de hacer. Siempre nos posee la excitante incertidumbre de lo porvenir y así nuestra reacción, si sucede, siempre será prístina y con suerte, intensa. Por esta razón han de entender tanto figurativa como literalmente el encabezamiento de esta reseña, porque al visitar esta exposición se pueden ver unas inmensas fotografías de un inmenso fotógrafo; al menos, al que escribe estas palabras así le pareció. Demostrarles que la visita a esta muestra sería rentable para sus intereses se me antoja tarea ímproba; sin embargo permítanme hablarles sobre cosas que al menos les hagan valorar la posibilidad de pasar por el Reina Sofía para ver, sin duda, una de las más lúcidas y rigurosas colecciones de fotografía contemporánea que actualmente existen en el mundo.

Pasear para ver.

Todos pensamos que una fotografía es un objeto que nuestras manos pueden manipular y los ojos abarcar al completo. Para empezar, en esta exposición nos podemos encontrar con imágenes de cinco metros de ancho, cifra que podría pasar desapercibida de no estar ampliada por la presencia obsesiva de uno de los motivos favoritos de Gursky: las aglomeraciones humanas. Bien un combate de boxeo, un concierto tecno, la sede en Hongkong del Shanghai Bank, o un nudo circulatorio del Cairo, donde quedan inmortalizados cientos de ejecutivos licnobios, bailarines tatuados noctámbulos, ociosos aficionados al pugilismo, vehículos pulverulentos de un país posible y nosotros ante esa multitud, ¿o en la multitud?.
En ella, porque ambos factores juntos (tamaño y motivo) aumentan la sensación de formar parte activa de esas aglomeraciones. Súbitamente en la exposición nos encontraremos paseando, algo que no es frecuente hacer al mirar fotografías, ya que el cuerpo ha de transportar a los ojos para reducir el tamaño de la imagen al separarnos de ella. Acto seguido nuestro natural apetito de ver, al degenerar o transformarse en voyeurismo, nos empujará a acercarnos a la fotografía hasta respirar sobre ella y ver que aquello antes lejano, ahora lo dominamos con detalle.
Pero más allá de la elección del motivo o del tamaño de las fotografías, el detonante de nuestro goce es poder sentirnos ubicuos con el trabajo de Gursky. El origen de todo no radica ya en la contemplación de la obra, ni en la fotografía como objeto, sino en el lugar en que ésta nos sitúa: en la placentera y extraña sensación de sentirse omnipresente, de estar simultáneamente allí y aquí, de estar y no estar. Gursky trata a la multitud incluso en su estado de latencia; para él el vacío es la posibilidad del lleno, el ser es la posibilidad del no ser. El mirar es, al fin, la posibilidad de ver.

La generación del Arte de Mirar.

Un cierto gusto por una descripción sin pretensiones, heredada de la Neue Sachlichkeit alemana (Nueva Objetividad), junto a una forma propia de mirar y a una depurada técnica en el manejo de la cámara de banco óptico, deshacen la vaga presunción de que estas actitudes y capacidades no eran miscibles y, en caso de serlas, los resultados serían necesariamente lejanos a lo artístico. Observación esta importante para recordar el ostracismo al que la tradición documental de la fotografía fue sometida por dictamen de los guardianes de la alta cultura en épocas donde la escuela fotográfica «intrínsecamente artística» se separaba voluntariamente de los «ingenieros documentales» que como Gursky y otros de sus compañeros de la Kunstakademie, se dedicaban a ejercer el sano Arte de Mirar. Pesadas cámaras que son rémoras para una mirada esquiva y rápida, la contemplación más que el movimiento compulsivo del ojo, un despiste inherente al flâneur cosmopolita, falta de operatividad aparentes… Todo ésto genera un legado de imágenes con las que podemos estar de enhorabuena si se disfruta con las formas de ver de los demás.
Finalmente, como dato anecdótico, hay grandes catálogos que ilustran mediocres exposiciones y viceversa. No es este el caso de un bien editado catálogo, con todas las imágenes expuestas y un texto del historiador Peter Galassi. El libro es una joya, lo edita el MOMA y es igualmente inmenso en precio y dimensiones: 7000 pesetas y 34 x 31 cms.

Andreas Gursky by Peter GalassiActualzación del 10 de Agosto de 2007: Existe mucha bibliografía sobre su obra y multitud de imágenes en la web sobre Andreas Gursky. No obstante uno de los muchos valores destacables de su obra es la elección del formato al que reproduce sus motivos. Cuando se escribió este artículo, aún Gursky no tenía el extraño honor de haber sido el autor con la fotografía más cara de la la historia, cetro que arrebató a Edward Steichen.

  1. Artículo originalmente publicado en el Diario de Sevilla, sección Cultura, Jueves 13 de Septiembre de 2001 [ volver ]
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